El ajedrez es un laboratorio de decisiones donde cada jugada implica pensamiento crítico, control emocional y respeto. Por eso encaja tan bien con los valores que promueve el programa “Elige esos Cinco” de la Fundación Deportiva Municipal de València y APECVA: respeto, compañerismo, aprendizaje, diversión y esfuerzo, cuyo fin es prevenir conductas violentas y consolidar un deporte de calidad.
El respeto es el núcleo. En ajedrez se ve en gestos simples (saludar, cuidar el material, aceptar el resultado) y en hábitos internos (revisar los propios errores antes de culpar al azar, no presionar al rival con conductas antideportivas). El programa insiste en que el deporte empieza por ahí: por reconocer reglas, personas y procesos. Esto es lo mismo que exige la federación internacional en ajedrez (FIDE).
El compañerismo, aunque el juego sea individual, aparece en los clubes, en las competiciones por equipos o en el análisis compartido. Después de la partida, los jugadores comentan e intercambian sus impresiones y reflexiones, lo que permite generar un ambiente de crecimiento, respeto y cercanía social. Se comparten también las emociones y sensaciones.
El aprendizaje es la esencia del ajedrez. Cada partida es una oportunidad para anticipar, evaluar y corregir. El programa recuerda que el deporte es aprendizaje, no exclusivamente resultado, y que para evitar climas tóxicos hay que dar visibilidad al proceso. En ajedrez el aprendizaje está muy presente después de cada partida, de cada competición. Se pueden medir la calidad de la toma de decisiones y extraer las causas y consecuencias de cada decisión, de una manera más bien objetiva gracias a los ordenadores. Este proceso, guiado convenientemente por los entrenadores, ayudará a los jóvenes (y no tan jóvenes) a aprender y crecer.
La diversión también es primordial. Es lo que mantiene al niño y al adulto en la actividad. La campaña lo dice con claridad y en ajedrez se realizan multitud de torneos, campus, actividades de club… que convierten el ajedrez en un deporte social, donde se comparten experiencias mucho más allá del juego. Cuando hay disfrute es más fácil que los demás valores se expresen.
El esfuerzo cierra el círculo. Mejorar en ajedrez exige resolver posiciones a diario, estudiar finales o analizar derrotas con honestidad. “Nada es gratis” en deporte, dice el programa, y el tablero lo confirma. Para hacerlo sostenible es importante reconocer la constancia, no solo la victoria.
Los ejemplos ayudan. Judit Polgár ha mostrado cómo el ajedrez puede ser herramienta educativa desde edades tempranas y cómo se puede competir al máximo nivel sin renunciar al respeto. Viswanathan Anand es un modelo estable de juego limpio y templanza. Presentar estos referentes en clases, facilita la transmisión de valores y que estos no sean teoría sino conductas imitables.
En síntesis, el tablero ofrece un soporte perfecto para “Elige esos Cinco”: respeto en el trato y en la aceptación del resultado, compañerismo en torneos y análisis, aprendizaje como proceso, diversión como motor y esfuerzo como hábito visible. El ajedrez es un deporte que educa mientras se compite.
Carlos Martínez Piqueras, Psicólogo especializado en ajedrez
