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Construir valores desde el deporte. Jornadas formativas del programa Juego limpio

4 octubre, 2026niceday

Introducción

El programa Juego Limpio refuerza su dimensión educativa con cuatro sesiones formativas dirigidas a entrenadores y entidades deportivas, centradas en convertir los valores en conductas concretas dentro del entrenamiento y la competición.

El deporte en edad escolar constituye un escenario privilegiado para el aprendizaje. Cada entrenamiento, cada competición, cada victoria y cada derrota generan situaciones en las que niños, niñas y adolescentes aprenden a relacionarse con los demás, afrontar dificultades, respetar normas, gestionar la frustración o asumir responsabilidades.

Sin embargo, practicar deporte no garantiza por sí mismo la adquisición de valores positivos. El potencial educativo depende, en buena medida, de cómo se organiza la experiencia deportiva y de cómo actúan las personas adultas que la acompañan. Esta idea constituye también uno de los fundamentos del programa Juego Limpio de la Fundación Deportiva Municipal de València: el juego limpio debe implicar al conjunto de agentes que participan en la competición —deportistas, entrenadores, árbitros, entidades y público— y traducirse en comportamientos observables.

Partiendo de esta perspectiva, se desarrollaron cuatro sesiones formativas de dos horas de duración, dirigidas a entrenadores, técnicos y representantes de entidades deportivas. Las cuatro jornadas compartieron metodología y contenidos similares, con un objetivo fundamental: proporcionar herramientas para que los valores no se queden únicamente en declaraciones de intenciones, sino que formen parte de la práctica deportiva cotidiana.

 

Los valores no se explican: se entrenan

La idea central de la formación fue muy clara y directa: los valores no se transmiten únicamente hablando de ellos.

Un club puede afirmar que el respeto es importante, pero el verdadero aprendizaje aparece cuando un deportista acepta una decisión arbitral adversa. Puede defender el compañerismo, pero este se hace visible cuando alguien ayuda a un compañero después de cometer un error. Puede hablar de esfuerzo, pero el mensaje adquiere significado cuando el entrenador reconoce la persistencia incluso cuando el resultado no acompaña.

Por ello, durante las sesiones se trabajó sobre cinco mecanismos fundamentales para construir valores en las escuelas deportivas: modelado, refuerzo, normas, experiencias y reflexión.

El entrenador constituye uno de los principales referentes del deportista. Lo que hace, aquello que refuerza y también lo que permite, transmite información acerca de qué comportamientos son realmente importantes dentro del grupo. De esta forma, las normas dejan de ser simples prohibiciones y se convierten en una expresión práctica de los valores de la entidad.

La investigación sobre programas de responsabilidad personal y social desarrollados mediante el deporte apunta precisamente en esta dirección. Algunas investigaciones muestran que una intervención intencional y estructurada puede favorecer la responsabilidad personal y social, las relaciones interpersonales, la autonomía, la motivación y diferentes conductas prosociales.

 

Cinco valores para construir la cultura de una escuela deportiva

La formación se articuló alrededor de cinco grandes valores: respeto, compañerismo, aprendizaje, diversión y esfuerzo.

El respeto se abordó desde una perspectiva amplia: respeto al compañero, al rival, al árbitro, a las normas y también hacia uno mismo. No consiste únicamente en evitar una mala conducta, sino en reconocer el papel y la dignidad de las demás personas incluso en situaciones de desacuerdo, frustración o presión competitiva.

El compañerismo implica integrar, ayudar, compartir protagonismo y responsabilizarse del grupo. Acciones aparentemente pequeñas —animar después de un error, incluir al compañero con menor nivel, reconocer el éxito de otro o ayudar sin que nadie lo solicite— construyen progresivamente la cultura del equipo.

El aprendizaje permitió introducir una distinción especialmente relevante en el deporte formativo: resultado, rendimiento y aprendizaje, no son lo mismo. Ganar o perder informa del resultado; cómo hemos jugado habla del rendimiento; qué somos capaces de hacer mejor después de la experiencia pertenece al aprendizaje. Una derrota puede contener un enorme progreso y una victoria puede esconder numerosos aspectos que todavía necesitan ser trabajados.

El esfuerzo, por su parte, se planteó más allá de expresiones genéricas como “hay que esforzarse”. Supone persistir, tolerar la frustración, mantener la atención y el compromiso y volver a intentarlo después del error. Entrenar el esfuerzo significa, en definitiva, enseñar una determinada manera de responder ante la dificultad.

Finalmente, la diversión ocupa un lugar esencial en el deporte de formación. Disfrutar no significa eliminar la exigencia o la competición, sino construir una experiencia en la que el deportista quiera volver, se sienta parte del grupo, perciba su progreso y pueda enfrentarse a retos ajustados a sus capacidades.

 

Del valor abstracto a la conducta observable

Uno de los ejes prácticos de las sesiones consistió en realizar un cambio de perspectiva: pasar de preguntarnos “¿qué valores queremos?” a preguntarnos “¿qué tendría que observar para saber que ese valor está presente?”.

Porque respeto, esfuerzo o compañerismo son conceptos abstractos. Para educarlos necesitamos convertirlos en conductas.

Por ejemplo:

Valor: compañerismo. Conducta observable: ayudar a un compañero sin que nadie lo pida. Intervención del entrenador: identificar la conducta, reforzarla y relacionarla explícitamente con el valor que representa.

Este planteamiento conecta directamente con el sistema de evaluación de Juega Limpio, que operacionaliza el comportamiento deportivo mediante acciones observables. En el caso de los deportistas, el programa contempla conductas como animar al compañero que falla, reconocer sus éxitos, respetar las decisiones arbitrales, reconocer el esfuerzo del adversario, disculparse después de una acción de falta o aceptar deportivamente la derrota. En los entrenadores se observan, entre otras cuestiones, el trato a los deportistas, la participación de todos los jugadores, el respeto hacia árbitros y adversarios y el comportamiento ante la victoria y la derrota.

De este modo, el juego limpio deja de ser una idea abstracta y pasa a convertirse en algo que puede observarse, entrenarse, reforzarse y evaluarse.

 

El entrenador como creador de contexto

Otro de los aspectos centrales de la formación fue analizar la enorme influencia que ejerce el entrenador sobre el contexto psicológico y educativo del equipo. Cada entrenador construye diariamente una determinada cultura mediante tres elementos: lo que hace, lo que permite y lo que refuerza.

Si se exige respeto al árbitro, pero el propio entrenador protesta continuamente sus decisiones: el aprendizaje procede de su comportamiento y no de su discurso. Si se afirma que lo importante es aprender, pero únicamente se reconoce a quienes ganan, los deportistas aprenderán rápidamente cuál es la verdadera prioridad. Del mismo modo, cuando se refuerza a quien ayuda, persevera, reconoce un error o actúa deportivamente, esas conductas adquieren valor dentro del grupo.

Esta responsabilidad se encuentra expresamente recogida en el propio programa Juego Limpio. Entre sus objetivos figura que las entidades fomenten y supervisen el juego limpio en sus entornos y que técnicos y árbitros se comprometan activamente con su promoción.

 

Aprender a mirar lo que ocurre en nuestros equipos

Las cuatro sesiones tuvieron también un importante componente participativo. Los asistentes trabajaron sobre situaciones reales y analizaron los valores desde tres preguntas fundamentales: ¿cómo sabemos que este valor está presente?, ¿cómo sabemos que está faltando?, y qué podemos hacer como entrenadores para reforzarlo o recuperarlo?

El objetivo era evitar que la formación quedara reducida a una exposición teórica. Hablar de valores resulta relativamente sencillo; identificar qué hacemos cuando una deportista protesta, excluye a un compañero, se derrumba tras cometer un error o solo valora una competición por su resultado obliga a trasladar esos principios a la realidad cotidiana de cada club.

De ahí surge una secuencia fundamental trabajada durante las jornadas:

Valor ? conducta ? experiencia ? reflexión ? hábito.

La repetición de experiencias acompañadas por una intervención coherente del entrenador permite que aquello que inicialmente constituye una norma externa pueda convertirse progresivamente en una forma habitual de comportarse.

 

Educar también es parte del entrenamiento

Las cuatro jornadas permitieron compartir experiencias entre entrenadores y entidades deportivas y, sobre todo, reflexionar sobre una cuestión esencial: qué queremos que aprendan nuestros deportistas mientras aprenden su deporte.

El resultado forma parte de la competición y no es necesario restarle importancia. Pero el deporte de formación ofrece algo más. En cada entrenamiento aparecen oportunidades para aprender a convivir, cooperar, perseverar, aceptar decisiones, gestionar la frustración, reconocer al adversario y asumir responsabilidades.

El reto consiste en aprovecharlas.

El programa Juego Limpio plantea precisamente que el comportamiento deportivo debe tener un espacio propio junto al resultado competitivo, implicando en su evaluación a deportistas, técnicos, árbitros y público. La evidencia científica disponible sobre educación en responsabilidad mediante el deporte respalda, además, que estos aprendizajes requieren contextos deliberadamente diseñados y una intervención educativa sistemática.

Porque una escuela deportiva no solo enseña a jugar. También enseña una determinada manera de competir, relacionarse, afrontar el error y entender el éxito.

Y esa educación se construye cada día: en lo que hacemos, en lo que permitimos y en lo que decidimos reforzar.

 

Referencias

Fundación Deportiva Municipal de València. Manual de Juego Limpio. Consultar el Manual de Juego Limpio

Sánchez-Alcaraz, B. J., Courel-Ibáñez, J., Sánchez-Ramírez, C., Valero-Valenzuela, A. & Gómez-Mármol, A. (2020). El modelo de responsabilidad personal y social a través del deporte: revisión bibliográfica. Retos. Revista Retos

Baptista, C. et al. (2020). Teaching personal and social responsibility after school: A systematic review. Cuadernos de Psicología del Deporte. Revistas de la Universidad de Murcia

Navarro-Talón, P., Ruiz-Lara, E. & González-Gálvez, N. (2024). Effects of Teaching Personal and Social Responsibility Model: Systematic Review and Meta-Analysis. Cultura, Ciencia y Deporte. CCD UCAM

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